31 de marzo de 2016

Háblame



















Acompáñame cogida de la mano a través del paseo marítimo, respira los vientos marinos por mí y ayuda a mis pulmones, que únicamente quieren deleitarse con el perfume que el viento arrastra desde tu cabello hasta mis sentidos. Ayúdame a dar la bienvenida a cada nuevo día que nace tras una noche intensa, mientras aún seguimos en la cama, mientras los recuerdos fluorescentes de una velada mágica todavía flotan a nuestro alrededor.

Rómpeme los esquemas, hagamos el amor y después háblame de tus poetas favoritos, de qué te hicieron sentir cuando los leíste por primera vez hace años, cuando la luna brillaba sobre la arena de la playa y la brisa pasaba las páginas por ti, empapuzándote esas letras doradas que te harían brillar más que nunca, ahora que entiendes lo que vivieron para escribir esas verdades, ahora que tú también lo estás viviendo y sintiendo; háblame de aquellas épocas, cuando todo era más sencillo, cuando aún no nos habíamos conocido y cuando me habrías rechazado antes de verme. Háblame de cuando viajaste por primera vez, de cuando te enamoraste de un paisaje y de cuando respiraste un ambiente que llenó tus pulmones de un aire tan puro que casi te hizo reventar. Cuéntame todas esas cosas mientras todavía las finas sábanas cubren nuestros cuerpos desnudos, antes de que salgamos al mundo salvaje de nuevo. Haz que tus palabras silben por el viento sabiendo que llegarán hasta mis oídos, esté aquí o en el otro extremo del mundo, estemos juntos o separados, fusionados, revueltos o distanciados, porque escucharía un grito de socorro tuyo a miles de kilómetros de distancia y acudiría volando a tu rescate, porque esa sería la unión que nos representaría, una que no entendería nada sobre la vida y solo sabría de pasiones.

Flaubert quiso escribir un libro sobre la nada; ayúdame tú a hacerlo sabiendo que eres mi todo. Dame una sola nube y te esbozaré el cielo; dame la estrella que representas y te daré el universo entero. Dame un simple y sencillo beso y te diré porqué es diferente a todos los demás, porqué brillas con más pureza y porqué eres la única en el firmamento. Déjame besar todo tu cuerpo centímetro a centímetro y te demostraré porqué eres mi paraíso perdido. Asómate a mis páginas para encontrarte y me asomaré a tu interior para intentar que alcances la mortalidad por mí, por ti y por todos nosotros.

Demuéstrame que aquella fotografía que vi hace tiempo, con una prístina y sincera sonrisa y con una mirada entrecerrada, no era el reflejo de un ángel, no era la imaginación dislocada que creaba a un dios en la tierra para nosotros, sino que era una mujer de carne y hueso, por increíble que pareciera por su belleza, y que seguía existiendo más allá de los sueños. Para que entienda que esos cabellos no eran los rayos del sol sino el esbozo de tu cuerpo frente al mar, para que pueda erigirte como aquella que quema mis dudas y abrasa mis miedos, aquella que pinta con colores de esperanza un futuro tan solo dibujado con oscuro y difuso carbón. 

Regálame lo que guardas y te daré todo lo que he sido, lo que soy lo que seré hasta que muera. Muéstrate ante mí y te ofreceré mi tiempo y te enseñaré cómo pueden detenerse los relojes y cómo condensar los espacios para vivirlo todo en apenas unos minutos. Empújame hacia adelante y quítame a los que me frenan, acompáñame y descubramos de una vez por todas qué es la vida y cómo se vive de verdad y con intensidad. Porque mi sol sale y se pone contigo; solo por eso sé mi fuego, sé el agua que nos compone y sopla el viento que nos hará traspasar las más densas barreras de la realidad para fundirnos con los sueños tantas veces soñados.

Y sobre todo solo sé tú, porque Hermann Hesse tenía razón al afirmar que ser amado no es nada, que amar, sin embargo, lo es todo. Y cada vez está más claro que lo que hace valiosa y placentera la existencia es nuestro sentimiento y nuestra sensibilidad. Porque la belleza no hace feliz al que la tiene, sino al que sabe amarla y venerarla, y creo que sobre eso he aprendido mucho, y porque no existe una obligación de amar, solo hay la obligación de ser feliz. Para eso exclusivamente estamos en el mundo. Y eso ya se ha conseguido, así que gracias, porque el simple hecho de escribir estas líneas me ha llenado de felicidad.  

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